martes, 23 de octubre de 2012

Como digas que no...

Nos aferramos a lo que viene con miedo a perderlo en un abrir y cerrar de ojos. Con los tiempo que corren, tememos quedarnos sin nada. Y, aunque esperamos aquello que deseamos nos conformamos con aquello que se nos pone delante de nosotros (sin olvidar que seguimos deseando otra cosa). 

Decir que no ahora es un pecado capital que, sin ningún temor por mi parte, enviaría a esa persona más allá del infierno. Para decir que no hay que tener demasiadas cosas en nuestras manos y sentir que una cosa más derramaría las que ya tenemos (más valiosas). 
Por el momento, agarrada a la oportunidad que se ha cruzado ante mi seguiré esperando pero, eso si, sin renunciar a vivir cada experiencia que me pone por delante la vida.

Cada experiencia es una granito de arena y yo quiero construir un castillo de princesas.


L.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Adiós ciudad!

Las maletas encima de la cama y tu encima de ellas. La ropa se sale por todos lados, la cremallera no se cierra y solamente esperas el ruido desgarrado que te hará entender que la bolsa se va a la basura. Se acabó eso de preparar el equipaje el día antes. Ahora, con el tiempo pisándote los talones metes lo primero que pillas en el armario, sin importar si el conjunto playero pegará con las gafas de sol y todos los complementos habidos y por haber. Total, que te llevas contigo todo lo que encuentras en el armario sabiendo que la mitad de las cosas no te las vas a poner pero siempre es "por si acaso".

Haces unos tres o cuatro viajes para bajar todas las maletas hasta el coche. En cada peldaño piensas que el siguiente será el fin de tus días y ya preparas la caída, te la imaginas, "de cabeza, de culo, de plancha...", ¿encima o debajo de la bolsa de 15 quilos?. Cuando ves que tus pronósticos no se cumplen, ya te imaginas que el fatídico escalón será el siguiente. Pero tampoco. 

Luego es momento de jugar al tetris para meter todo el equipaje en el maletero. Oyes los típicos "Ya te lo dije que no cabría todo eso", "¿Para qué te llevas tantas cosas si sólo nos vamos una semana?". Y tú respondes casi a gritos sofocados "¡¡¡Por si acaso!!!". Y metida en el coche, sudando a chorros, pides auxilio al aire acondicionado. Lo pones a tope, te lo encaras a ti y solamente a ti, levantas los brazos y suspiras de felicidad. Y luego piensas, "Que duro es eso de irse de viaje". En plan irónico, claro. 





Mejor dejar para otro día mi crítica de vivir en una comunidad con vecinos chillones. Estoy segura que se haría de noche mientras escribo.


Vivir en una ciudad sin playa no es ni malo ni bueno, simplemente diferente.



L.

lunes, 30 de julio de 2012

Un pez gordo llamado China

En unos jardines, mientras me tomo un café, oigo una conversación entre dos personas (tal vez amigos, tal vez familiares, tal vez amantes) sobre las famosas tiendas de los chinos donde más de uno hemos ido a comprar alguna que otra cosa.


Pero, que gran verdad lo que oigo. 
Imagínate que eres chino y quieres emigrar en busca de un país en condiciones (hoy en día, ni esto tenemos aquí). Decides montar un negocio en España (obviamente, un Bazar Chino de tropocientos metros cuadrados. Ellos no se conforman con poco). El Gobierno de China invierte el dinero necesario en tu negocio, al 0'1% de interés y a devolverlo en 20 años. 

Pensaréis, "menuda ganga". Y lo es. 
Pero esto no es todo. El Gobierno Chino pone unas condiciones:
- Todos los empleados deben ser chinos.
- Todos los productos fabricados en China.
- Todos los beneficios se deben destinar a China.


Es un pez que se muerde la cola: No hay dinero, no hay trabajo, compramos productos baratos a menor calidad (en los chinos), este dinero se va a China, España no obtiene nada, compramos más en los chinos, se contrata a gente de la China, vienen familias enteras de la China, en España sigue creciendo el paro, los chinos van ganando dinero que se va hacia su país, España sigue en crisis, no disminuye el número de parados, no tenemos ni un euro...


Si esta conversación en los jardines está bien argumentada, ¿hasta que punto nos beneficia comprar en los Bazares? 


L.