viernes, 8 de abril de 2011

El laberinto de Central Park

Las nubes no dejaban ver con claridad ese sol que se escondía en pleno Manhattan. 

El lago estaba solitario, sin la compañía de los ciudadanos fieles que diariamente le visitan con las mallas deportivas. Las ardillas eran las únicas habitantes de ese mundo. 
Y, bueno, también séis guiris. Por supuesto que lo digo por mis compañeros de viaje y por mi.

El Central Park parecía un desierto de vegetación y esculturas que nos llamaban y se escondían a la vez. 

Alicia en el pais de las maravillas. Tres osos muy divertidos. Y Balto, el perro con mejor escondite que nos hizo buscarle durante una hora. ¿Será que tenía vida y nos hacía jugar en medio de un laberinto sin salida?

Tal vez el meterle el dedo en la oreja al pobre oso nos trajo suerte.
Me encanta ese lugar!


L.

jueves, 7 de abril de 2011

New York, Las Vegas, Lloret

En vez de un Cowboy en calzoncillos me encontré un Spierdman que, al pobre, ni le dimos un dolar de propina. Me arrepiento de ello y llevo en la conciencia lo que dijo una de mis compañeras, Sara: "Ai pobre, cuando volvamos a pasar por aquí le damos algo".
No le dimos ná!

Imaginaba una plaza redonda con coches dando vueltas como locos. Como una Plaça Francesc Macià de Barcelona pero a lo grande. 
Y me encuentro con calles que van de un lado a otro, con carteles de musicales por todos lados y edificios con luces, como si estuviéramos en pleno Las Vegas o como dijo otra de mis compis, en Lloret.

Meter publicidad en Times Square debe valer una pasta que ni con mi sueldo de por vida la pago. Hasta un coche Mini estaba allí colgado de lado. Todavía no sé como algún gamberro no lo ha robado o tirado piedras hasta reventarlo. 

Aún así, que bonito que es ese lugar!


L.


martes, 5 de abril de 2011

Las calles de Manhattan

Ver des del aeropuerto de Newark y New Jersey los grandes rascacielos de Manhattan es impresionante. Pero más lo es encontrarse entre ellos por las calles neoyorkinas.



Ubicados en la 5a. Avenida con la calle 31 es todo un privilegio. Las tiendas más glamurosas te dan la bienvenida, los buenos días y las buenas noches. Aunque el Dunkin Donuts te miraba de reojo las 24h del día para que saborees esos donuts tan grasientos. 
Cuando llevas toda una semana a base de muffins, cookies y hamburguesas con patatas fritas y ketchup, odias ese lugar pero entras y compras igualmente. Estoy en New York!, te pones como excusa.

Patearse 12km de la ciudad para llegar al Lower Manhattan os parecerá de locos pero, ¿por qué voy a perder el tiempo en el subway? Cuando pensaba en New York, lo primero que me venía en la cabeza era la Estatua de la Libertad, alta y predominante sobre la ciudad. 
¿Cómo la definiría ahora mismo? Bajita y regordita. 

Aún así, sigue impresionándome.



L.